El freno a las ventas en Estados Unidos redibuja los equilibrios del mercado EV. La casa sueca controlada por Geely lo apuesta ahora todo por Europa.
El mercado del coche eléctrico se prepara para vivir uno de los cambios más significativos de los últimos años. A partir de los modelos del año 2027, Polestar ya no podrá comercializar nuevos vehículos en Estados Unidos, después de que el Departamento de Comercio estadounidense haya denegado la autorización prevista por la nueva normativa sobre vehículos conectados.
La decisión representa un duro golpe para la marca sueca, controlada por el grupo chino Geely, pero va mucho más allá del destino de un solo constructor: es el enésimo capítulo de la creciente tensión comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China, destinada a tener consecuencias en toda la industria del automóvil mundial.
¿Por qué Estados Unidos ha bloqueado a Polestar?
La base de la decisión es la Connected Vehicle Rule, la normativa estadounidense que limita la venta de vehículos equipados con software o tecnologías de conectividad vinculables a países considerados sensibles desde el punto de vista de la seguridad nacional, entre ellos China.
La medida afecta a sistemas como Bluetooth, Wi-Fi, conexiones celulares y satelitales, además de a los softwares que gestionan la comunicación del vehículo con el exterior. Según Washington, estas tecnologías podrían utilizarse para recopilar datos sensibles o representar un riesgo para la seguridad nacional.
¿Qué ocurrirá con los modelos Polestar?
La decisión no significa una retirada inmediata del mercado estadounidense.
Polestar seguirá vendiendo las existencias ya producidas del Polestar 3 y del Polestar 4 y garantizará asistencia y recambios a los actuales clientes estadounidenses. El freno afecta, en cambio, a todos los nuevos modelos a partir del año modelo 2027, salvo eventuales cambios normativos.
Europa se convierte en el nuevo centro de la estrategia
La respuesta de la empresa llegó rápidamente.
El consejero delegado Michael Lohscheller ha anunciado una estrategia que apuesta con decisión por el mercado europeo, hoy el principal mercado comercial de la marca. En el primer trimestre de 2026, el 94% de las ventas globales de Polestar procedió de mercados exteriores a Estados Unidos, mientras que alrededor del 80% se generó en Europa.
La empresa seguirá además invirtiendo en Canadá, América Latina, el Sudeste Asiático y Europa del Este, preparando también la producción europea de los futuros modelos, incluido el nuevo SUV compacto Polestar 7.
Una señal para toda la industria del coche eléctrico
El caso Polestar podría representar un precedente importante.
En los últimos meses, Estados Unidos ha intensificado las medidas para limitar la presencia de tecnologías automovilísticas vinculadas a China, mientras que la Unión Europea también ha introducido aranceles a los coches eléctricos fabricados en el país asiático.
Para los constructores globales cada vez resulta más necesario desarrollar plataformas, software y cadenas de producción regionalizadas, reduciendo la dependencia de componentes procedentes de mercados sujetos a restricciones geopolíticas.
¿Cuáles serán las consecuencias en el mercado?
A corto plazo, el impacto en las ventas globales de Polestar será limitado, teniendo en cuenta que el mercado estadounidense representaba una cuota reducida de los volúmenes de la marca.
Más relevante podría ser, en cambio, el mensaje lanzado a todo el sector del automóvil. Las futuras decisiones industriales no estarán guiadas solo por la innovación tecnológica o por la demanda de los clientes, sino también por los equilibrios políticos y las normativas nacionales.
Para los consumidores europeos no cambiará nada de inmediato. Para la industria del automóvil, en cambio, el caso Polestar confirma que la competencia global en torno al coche eléctrico se jugará cada vez más también en el terreno de la geopolítica, del software y de la soberanía tecnológica.